Río Dulce. Livingston.

Trayecto y alojamiento.

    El viaje entre Flores y Río Dulce fue realmente duro. Seis horas encerrados en una furgoneta con un descanso para desayunar. Eso sí, este desayuno fue uno de los momentos más interesantes del viaje. Regentaba el restaurante un amante de la botánica que nos enseñó su jardín, lleno de plantas curativas. Un ejemplo, nos dio unas hojas para aliviar el escozor de una picadura de insecto y resultó más eficaz que las pomadas que llevábamos utilizando dos días. Al llegar, nos esperaba el hotel más incómodo y más aislado del viaje. Estaba en una isla y sólo se podía salir de él en barca.
El empalme de las tres fotos no es muy afortunado, pero permite hacerse una idea de Río Dulce desde el puente más largo de Guatemala.
 

Una excursión por El Golfete.

    Para mayor incomodidad, el viaje no incluía ninguna excursión. El guía nos aconsejó contratar una barca para hacer una por el Golfete hasta Livingston y Siete Altares y, de vuelta, hasta el castillo de San Felipe. Tampoco podíamos negociar mucho, en la isla había poca competencia. Los lancheros no querían comprometerse a llevarnos hasta Siete Altares, puesto que había que internarse en mar abierto y podía estar poco navegable. Total que decidimos contratar el viaje hasta Livingston y allí dedidiríamos. Y decidimos que no pasábamos de Livingston.
    Podemos dividir la excursión en tres partes: el biotopo del Manatí, Livingston y el castillo de San Felipe.

El biotopo del Manatí

Fue lo que más nos llamó la atención. Cualquier ornitólogo o botánico se lo hubiese pasado en grande. No vimos ningún manatí, pero ya nos avisaron de que era difícil. Lo más espectacular, al final, cuando el río se estrecha un poco y la barca pasa entre dos muros altísimos de vegetación. Existe, además, un manantial de aguas sulfurosas donde, si no tenéis muchos reparos, os podéis dar un remojón
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Livingston.

     Parece un trozo de Jamaica dentro de Guatemala. Su aislamiento del resto del país, la población y cultura garífunas (de raza negra) y la omnipresencia del coco en su gastronomía, hacen de Livingston un lugar completamente deiferente al resto de Guatemala con la que sólo comparte la cerveza Gallo. 
     Un aviso: es el Caribe y tiene playa, pero no se parece a la de las postales.


El castilo de San Felipe.

     Este castillo, situado en la desembocadura de Río Dulce, fue edificado para proteger Guatemala de las incursiones de los piratas. Los guías te avisan "si usted viene de España, le parecerá muy pequeño". Lo que no es habitual en España es ver un castillo entre palmeras al borde de un río mucho más ancho que el Ebro.

 

 
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