Chichicastenango.

De camino, Iximché.

    Abandonamos la Guatemala colonial en Antigua, para llegar a Chichicastenango, la capital de la cultura indígena guatemalteca. Por el camino paramos a visitar Iximché: unas ruinas mayas de poca importancia si las comparamos con Tikal o Copán, pero que ofrecen la ventaja de estar menos invadidas por la vegetación. Era nuestro primer contacto con la cultura maya y nos gustó. Si lo hubiésemos visto al final, probablemente nos hubiese decepcionado.

 El mercado.

    Cualquier viaje organizado, hará coincidir la visita de Chichicastenango con un jueves o un domingo: los días de mercado. Aunque ya la tarde del día anterior se empiezan a montar las paradas, el mercado llega a su máximo esplendor  a primera hora de la mañana, cuando las paradas todavía están llenas de flores, frutas, animales... Es el mejor lugar para comprar artesanía, especialmente textil.
 
Las flores para las ofrendas Máscaras
Las frutas Un descanso

La religión.

    Una de las cosas que más sorprende de Guatemala, es la simbiosis entre la religión católica y las religiones precolombinas. Mientras en otros lugares se lían a estacazos, aquí los mamporros se dieron hace mucho tiempo y los indígenas optaron por adaptar las enseñanzas de los misioneros a sus ritos (o al revés). En Chichicastenango podéis ver a los chamanes en la puerta de la iglesia, invocaciones a los santos ante un ídolo al que se sacrifican animales y el sentido colorista de la muerte. Imprescindible visitar la iglesia de Santo Tomás, Pascal Abaj y el cementerio.
 
La iglesia de Santo Tomás. La escalera de entrada es punto de reunión de los chamanes. Por la puerta principal sólo pueden pasar los líderes religiosos, sean sacerdotes o chamanes. Si lo haces tú, probablemente no te dirán nada, pero es muestra e buena educación respetar las costumbres de los lugares que visitas.
  Pascal Abaj. En un cerro cercano al pueblo, unos 15 o 20 minutos andando, podéis ver este ídolo. Es fácil ver a chamanes que interceden por una familia realizando ofrendas al ídolo. Algunas de estas ofrendas consisten en el sacrificio de animales.
 
El cementerio. La combinación de la iconografía católica con el colorismo maya resulta espectacular. Si lo visitas a primera hora de la mañana, es probable que te acompañe una neblina que haga la visita más sobrecogedora.

El alojamiento.

    En Chichicastenango disfrutamos del hotel con menos comodidades (excepto el de Río Dulce) pero con más encanto de todo el viaje. Se trata de un auténtico museo de escultura religiosa ubicado en una mansión colonial preciosa. El hotel Santo Tomás.
 
 
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